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Aquí no es fiesta si no hay un camión con bocinas ensordecedoras

Aquí no es fiesta si no hay un camión con bocinas ensordecedoras

The New York Times
2025/10/24
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El camión rojo estaba adornado con luces azules, amarillas y de neón, y tenía unas bocinas de 3,6 metros de alto y casi 4,5 de ancho.

Avanzaba con lentitud por una estrecha calle del pueblo, haciendo retumbar música folclórica javanesa mezclada con ritmos electrónicos. Quienes estaban cerca sentían cómo el bajo recorría todo su cuerpo.

“Esto es lo que llamamos horeg”, gritó Aldi Ferdian, usando una palabra javanesa que significa vibrar o sacudir. “Puedes sentir la vibración en el pecho”.

Era uno de los 20 camiones que fueron alquilados en agosto por los habitantes de Kranggan, un pueblo de Indonesia, para un desfile del Día de la Independencia que recorrió un par de kilómetros. Todos tenían altavoces alimentados por generadores que emitieron música ensordecedora durante horas. Todos iban seguidos de bailarines; algunas personas iban vestidas con kebayas tradicionales y había niñas con trajes de princesas de Disney. Las únicas personas que llevaban tapones para los oídos estaban entre el público.

En años recientes, la demanda de estos camiones —conocidos como sound horegs— se ha disparado en algunas zonas de la provincia de Java Oriental, que forma parte de la isla más poblada de Indonesia y alberga a más de 40 millones de personas. Estos se usan para animar festivales religiosos, fiestas nacionales y celebraciones familiares como bodas y circuncisiones.

“Los habitantes del pueblo tenemos pocas opciones de entretenimiento”, dijo Aldi, de 24 años, quien viajó más de 800 kilómetros para volver a casa desde Yakarta, la capital, y asistir al desfile. “Por eso esperamos con impaciencia eventos como este”.

Pero estas celebraciones pueden ser peligrosas. Se ha culpado a los sound horegs de tejas rotas y techos agrietados. Multitudes bulliciosas de fiesteros han pisoteado campos de cultivo al ritmo de la música de horegs. En agosto, un hombre murió tras caer de la torre de bocinas sobre la que estaba bailando.

En Ngajum, un pueblo cercano a Kranggan, Sunandar estaba preocupado: no sabía cómo le sentaría la música a todo volumen —que no paraba durante 12 horas— a su esposa, que se encontraba postrada en cama poco después de haber sufrido un derrame cerebral.

“Le pedí al jefe de nuestra asociación de vecinos que bajara el volumen, pero dijo que invitar a un sound horeg era una decisión de la comunidad, así que no podía hacer nada al respecto”, explicó Sunandar, de 81 años, mientras veía pasar los camiones frente a su casa. Como muchos indonesios, tiene un solo nombre.

Esa noche de lunes, el sonido era tan alto como el de un concierto de rock; en un decibelímetro utilizado por The New York Times el volumen superaba los 100 decibelios. Según la Organización Mundial de la Salud, la exposición prolongada a 80 decibelios o más es perjudicial.

En julio, la rama local del Consejo de Ulemas de Indonesia, la máxima autoridad islámica del país, declaró que las sound horegs son haram: están prohibidas por el islam. Señaló que pueden ser perjudiciales para la salud de las personas, pueden ser un despilfarro de dinero y con frecuencia reúnen a multitudes ebrias y llenas de bailarines con atuendos reveladores. Las autoridades regionales establecieron un límite de sonido de 85 decibelios para los desfiles.

Sin embargo, la demanda de estos camiones no ha disminuido.

Tan solo en la región de Malang, que incluye Kranggan, hay cientos de operadores de sound horegs que por usar un camión una noche cobran hasta 40 millones de rupias, o 2400 dólares. También representan un impulso económico para los alquileres de disfraces y los vendedores ambulantes que ofrecen comida, bebida y juguetes a lo largo de las rutas de los desfiles.

Muzahidin inició Brewog Audio en 2018, alquilando un camión pequeño y un sistema de sonido para eventos en Togogan, un pueblo cerca de la ciudad de Malang. Ahora tiene 12 camiones y 100 empleados, y casi todos ya están reservados para el resto del año.

“Muchos habitantes del pueblo también han hecho pagos por adelantado para reservar para los eventos del año que viene”, comentó Muzahidin, de 39 años.

Dijo que él había diseñado y fabricado su propio subwoofer, un componente clave de los sistemas de sonido. Más subwoofers equivalen a más sonidos graves y una vibración más potente.

Eso es lo que quiere el público, dijo Anton Pradesta. Él y sus vecinos de Ngajum ahorraron durante un año para alquilar un camión de Brewog Audio para el Día de la Independencia.

Ahmad Abdul Aziz, un ingeniero de sonido de Brewog Audio de 29 años de edad, explicó que a menudo los clientes exigían que la música se pusiera a un volumen alto para producir más reverberación.

“Si no está alto, no es horeg”, dijo.

Java Oriental tiene una cultura más expresiva que otras partes de la isla, por lo que sus habitantes son más tolerantes con los ruidos fuertes, dijo Nindyo Budi Kumoro, antropólogo de la Universidad de Brawijaya.

Las raíces de los sound horegs se remontan a la década de 1970, cuando el rock empezó a adquirir popularidad en Java Oriental, dando lugar a un nuevo interés por los sistemas de sonido. Más tarde, las bocinas empezaron a aparecer en camionetas pick-up.

Como ocurre con toda la música, para mucha gente el sound horeg es libertad de expresión, no contaminación acústica.

“La gente de la ciudad tiene discotecas o clubes; entonces, el sound horeg se podría ver como la expresión musical de los habitantes de los pueblos”, señaló el etnomusicólogo Muhammad Rayhan Sudrajat. Incluso podría convertirse en su propio género, añadió.

Mientras las festividades de Kranggan llegaban a su fin, Aldi y sus amigos discutían qué operador reservar para el evento del año próximo.

“Es cuestión de orgullo”, dijo Aldi. “Cuando invitamos a un gran proveedor de sound horegs con mejor reputación y calidad, nos sentimos más orgullosos”.