Sahel Bueno, Sahel Malo: una línea en la arena entre las clases sociales de Egipto
No hay ningún letrero, al recorrer la carretera abrasada por el sol a lo largo de la costa mediterránea de Egipto, que indique dónde termina la Costa Buena y dónde empieza la Costa Mala. Buena o Mala, las olas son del mismo turquesa puro; las arenas del mismo blanco impecable.
Pero para los egipcios que veranean en la costa norte, desplazándose ahí desde El Cairo como los neoyorquinos que convergen en los Hamptons y los habitantes de Míchigan que se van al norte del estado, no hay duda de cuál es cuál.
Está Sahel el Tayeb, o la Costa Buena, como la llaman los egipcios.
Las vacaciones son simples, sanas, con poco que hacer aparte de jugar en el mar, leer y relajarse. Los hiyabs y burkinis cubren el cuerpo de casi todas las mujeres. Los hoteles y las casas de alquiler no tienen pretensiones. Hay cafés sencillos con sillas de plástico junto a la playa y algunos locales de mariscos frescos que salpican la carretera costera. Cada pocos minutos, pasan vendedores ambulantes junto a las coloridas sombrillas de los veraneantes y ofrecen unas obleas con miel llamadas frescas y bandejas de almejas: los bocadillos de siempre de los veranos en Sahel.
Y luego está Sahel el Shireer, o la Costa Mala.
Hay villas millonarias frente al mar y bolsos Louis Vuitton junto a las tumbonas. Hay conciertos de J. Lo y raves donde Peggy Gou es la DJ. Frente al agua, están las sucursales de los restaurantes y boutiques más lujosos de El Cairo. Bikinis, gafas de sol de diseñador y túnicas playeras estilo boho-chic se ven en casi todas las mujeres. A menos de una hora en coche al oeste del Sahel Bueno, las mismas frescas y almejas cuestan más del doble y por lo que cuesta una estancia de fin de semana uno podría pagarse un viaje a Saint-Tropez.
“Antes era: cuatro o cinco cambios de ropa y unas sandalias, sin maquillaje, y ya”, dijo Aziza Shalash, de 24 años, una estudiante de posgrado que solía ir al Sahel Bueno cuando era niña, hasta que su familia compró una casa en la bahía de Almaza, el mayor imán de influentes en el Sahel Malo. “Ahora, cuando vas a la playa, tienes que ir peinada de salón y maquillada y tomarte fotos”.
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